Desayuno
Voy a aprovechar este ratito para escribir, mientras espero que las chicas —Lu, Agos y Sol— bajen a desayunar. Corté unas frutas, prendí la pava y, en cuanto sienta más movimiento, voy a hacer unos huevos revueltos. Es nuestro ritual de desayuno desde que tengo memoria. Me emociona pensar que en un ratito vamos a estar tomando mate las cuatro juntas, como si el tiempo nunca hubiera pasado y, de repente, volviéramos a estar en La Plata, habitando todas el mismo lugar. Como si por un instante todo volviera a ser simple y cercano. La promesa que me hago a mí misma es no dejar nunca de construir estos momentos y aprender a disfrutarlos cada vez más. Agradecer la amistad que supimos conseguir, y cuidar esa sensibilidad que nos permite prestarnos siempre el oído, el hombro, las manos y el corazón. El agua ya está caliente y arriba empiezan a escucharse las primeras voces. Voy a ir calentando la sartén. Me gusta que el desayuno las espere, como una forma silenciosa de deci...

