La soledad de las guardias

 La soledad y la quietud de algunas guardias me confunden. Trabajo en un lugar donde las personas vienen cuando están mal, cuando ha enfermedad, dolor, sombra, pesadez, accidentes, golpes, traumas. Estoy donde muchos no quieren estar, pero observándolo. 

Estas últimas semanas tengo un pensamiento casi continuo : la vejez y la muerte. Puede que tenga que ver con algunas situaciones puntuales que vi pasar en la guardia o con que se acerca mi cumpleaños y aunque uno no quiere caer en el “cliché” de “pasan los años, estamos más viejos” es inevitable pensar en el paso del tiempo. Cuando veo a personas que solían ser autónomas, auténticas, joviales transformarse con la vejez algo en mi se resiste a comprenderlo. ¿Cómo es posible? ¿Esto es realmente algo que nos espera a todos? ¿Sin excepción? No hay un desvío, una bifurcación, una fórmula mágica?¿ Algún itinerario paralelo que nos permita evitar el desastre?

La respuesta es evidente. Es el destino final, la única ruta que caminamos todos juntos. Algunos más rápido, otros más lento, pero hacia allá vamos. 

Y en el camino habrá bellos y mágicos  momentos pero también habrá angustia y dolor. Los dolores así, de cuando duele el alma, no se quitan con remedios. Puedo recetar alguna pastilla como placebo, pero de nada sirve.  Los dolores se sufren, simplemente, a fondo, sin atenuantes, como se debe. Y así también hay que enfrentar la muerte.

Por lo pronto será una guardia más, una velada de hospital, donde suceden esos fuertes momentos. A fin de cuentas siempre es así, la vida y el tiempo solo suceden.





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